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Foto portada: aplastandolasalmendras.blogspot.com



sábado, 28 de agosto de 2010

LOS GATOS EN LA COLUMNA TRAJANA



Juan Yáñez
                                                       Periscopio literario
Gato de la raza MAU de Egipto

    “A los que no les gustan los gatos, será porqué les gustan los ratones…”

                                               Proverbio de origen ancestral


                            En el Antiguo Egipto los gatos eran considerados sagrados por la sencilla razón de ser los guardianes naturales de sus cosechas. Tenían la absoluta certeza desde el más encumbrado Faraón,  hasta el más humilde de los esclavos, que la Providencia quien desafortunadamente había creado a los ratones, sabiamente había enmendado el desliz cometido,  creando a los gatos.

  Tanto apreciaban a estos animales que les soportaban todo. Desde rayar los más finos muebles, hasta desflecar las más delicadas alfombras con sus afiladas uñas. Incluso que se les orinaran por todos los rincones y el olor les ofendiera sus narices. Los gatos eran a pesar de todo, reyes y señores y a ellos se debió en gran parte el desarrollo de la más avanzada Civilización de la  Antigüedad .


La Columna
Trajana en Roma
A propósito de ello  y siendo siempre oportuno darle a las cosas su verdadera importancia y valor, y teniendo a  mano  la Literatura, una de las Diosas del Arte y a José Enrique Rodó, un talentoso escritor y autor de una exquisita prosa que titulara “Los gatos del Foro Trajano" y que fuera su escrito póstumo. La ofrecemos a ustedes, amables lectores,  con la total seguridad que la disfrutarán como nosotros…

Los gatos del Foro Trajano
 JOSÉ ENRIQUE RODÓ
           (1871-1917)



                          Tomando la Vía Alejandrina para entrar en la del Corso, paso todas las tardes junto al Foro Trajano, o si queréis, junto a la Columna Trajana, que es lo único que verdaderamente queda en pie de aquel complejo monumento, acaso el de más sonada magnificencia entre cuanto vio levantarse y caer este sol de Roma. Un paralelogramo cercado, de nivel mucho más bajo que la calle, contiene, entre silvestres hierbas y lodosos charcos, truncas columnas de granito, algunas de ellas arraigadas al suelo, otras tumbadas; y en medio de estas ruinas resalta, entera y majestuosa, la Columna Trajana, de mármol esculpido, en toda la extensión del fuste, con bajorrelieves que recuerdan el sometimiento de los dacios por el magnánimo y glorioso Emperador. 

Sus cenizas reposan, o reposaron, dentro del pedestal, dispuesto como sarcófago. Sobre el dórico capitel, en vez de la imagen de Trajano que lo coronaba, descuella, desde tiempos de Sixto V, un San Pedro de bronce.
La primera vez que pasé junto al Foro Trajano, ya casi entrada la noche, y me asomé a la oscura hondonada, vi deslizarse, entre las rotas piedras y las matas de pasto, una sombra fugaz. A esta sombra siguieron otras y otras, en varias direcciones. Luego advertí que con aquellas cosas pasajeras solían correr unas extrañas lucecillas. ¿Almas de tribunos, de mártires, de héroes, como las que en este venerado suelo de Roma han de reconocer un despojo de su vestidura corporal en cada grano de polvo, en cada hilo de hierba?...

Volví a pasar de día, y las sombras me revelaron su secreto. El ruinoso Foro está poblado de gatos. Allí ha puesto su cuartel general, su concilio ecuménico, su populosa metrópoli, la que llamó Quevedo "
la gente de la uña".
Los hay de todas pintas, barcinos y atigrados, amarillos y grises, blancos y negros. En los cuadros de sol, sobre la fresca hierba, disfrutan, con envidiable e indolente placidez, su dicha de vivir ya gravemente sentados, ya tendiéndose en esas actitudes inverosímiles y absurdas con que encantaban a Teófilo Gautier. Uno, negro como la tinta, inmóvil, sobre una tronchada columna que le forma pedestal, parece una esfinge de ébano. Micifuz se relame sobre un derribado capitel. Zapirón remeda, rascándose "
la pata coja de Mefistófeles".
Zapaquilda amamanta a sus bebés en el hueco de dos piedras donde ha tendido el césped blanco tálamo. 

Ignoro si el problema económico de esta comunidad se resuelve mediante la protección del vecindario, o si ella vive de su propia industria con la libre caza de sabandijas; pero observo que todos los asociados están gordos y lucios y que el rayo del sol arranca de los esponjados pelambres reflejos, ya de oro, ya de azabache, ya de nieve.
No quiero a los gatos. Me han parecido siempre seres de degeneración y de parodia: degeneración y parodia de la fiera. Son la fiera sin la energía; son el tigre achicado, el tigre de Liliput; el instinto contenido por la debilidad; la intención pérfida y sinuosa que sustituye el arrebato de la fuerza: la mansedumbre delante del hombre y la ferocidad delante del ratón.


Cuando la corona de los seres vivientes está sobre la frente del león, como en la hermosa fábula de Goethe, la propia tiranía se ennoblece y la propia crueldad cobra prestigios de justicias. ¡Ay del reino animal cuando manden los gatos!
Contemplando a la plebe felina adueñada de aquellos despojos de la grandeza imperial, se me figuró ver cifrado en este caso un carácter constante de las decadencias. Caer en manos de los gatos, ¿no es el destino de todos los poderes que envejecen, de todas las glorias que se gastan, de todas las ideas que se usan?... Luego otra figuración embargó mi pensamiento. Me pareció como si se presentara entre las minas el alma de un antiguo romano y, con la amarga ironía de su orgullo, señalase en aquella vasta gatería una pintura de nuestra civilización, un símbolo de nuestra edad.

Somos, para los antiguos, gatos para fieras. Reproducimos su genio y su cultura, como el gato los rasgos del felino indómito y gigante. Para dar voz a otros hombres y otros tiempos, el
Ramayana, la Ilíada, la Comedia. Para expresar la democracia utilitaria y niveladora, la Gatomaquía. Carecemos de la crueldad que empurpuró la arena del Circo y maceró las carnes del esclavo; pero tenemos la perversidad del rasguño, de la pupila que escudriña en la noche, de la mano esponjosa que dilata la agonía del ratón. Gatunos son nuestros crímenes. Económicas, tibias y falaces nuestras virtudes, pulcritud de gato. Si se aparece entre nosotros el Héroe, el miedo nos infunde valor y le saltamos a la cara, como nuestros congéneres hicieron con Don Quijote. Suplimos nuestra timidez para afrontar las puertas bien guardadas con nuestra habilidad para marchar por las comisas y trepar por los muros.


Las lamentaciones de Isaías, las amenazas de Daniel, las maldiciones de Dante, las quejas de Prometeo Encadenado, retumban en las concavidades del tiempo como rugidos en la selva. Los ayes de nuestros dolores, la declaración de nuestro moderno pesimismo, el clamor de nuestras rebeliones y nuestras esperanzas, ¿no sonarán en los oídos del futuro como maullidos de azotea?
El patriotismo romano, propagandista y conquistador, fue un inextinguible anhelo de espacio, y rebosando sobre el mundo, hizo nacer de la idea de la patria el sentimiento de la humanidad. Nuestro patriotismo, contenido y prudente, egoísta y sensual, ¿no tiene mucho del apego del gato a la casa donde disfruta su rincón?... ¡Oh, tú, que te levantas allá enfrente!, sombra del Coliseo, erguido fantasma de la antigüedad, genio de una civilización de águilas y leones: ¿no será esta de que nos envanecemos una civilización de gatos? .
José Enrique Rodó, Roma, 1917.
"José Enrique Rodó - Los gatos del Foro Trajano y otras páginas".

Breve referencia de su autor, contenida en un fragmento de la Presentación del libro “José Enrique Rodó CIUDADANO DE ROMA” , publicado en la Colección “Expresión Americana” de la BIBLIOTECA AYACUCHO 1994.
José Enrique Rodó 
“En 1917 la muerte sorprendió a José Enrique Rodó en Italia. Tenía apenas 46 años pero los testigos convocados por sus biógrafos aseguraron que parecía un anciano solitario de trajes raídos. Era en ese momento corresponsal de la famosa revista argentina Caras y Caretas que le brindaba al final de sus días la posibilidad de viajar a Europa. No pudo haber fecha más inoportuna para el cumplimiento de ese deseo, pues el viejo mundo se encontraba entregado a la carnicería de la Primera Guerra Mundial….”  

Material gráfico: Agradecimientos a: habanaelegante.com   visionmiedo.com   tecnoculto.com    error98.blogspot.com   detallets.blogspot.com   irismascota.es   lacasadeltercerojo.es filmica.com   cadizfelina.blogspot.com   comportamientoanimal.com  gatosconsentidos.blogspot.com


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