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Juan Yáñez les saluda y es su deseo compartir con todos aquellos que se acercaron a este espacio a traves del maravilloso mundo de la WEB.




Es la intención del presente medio participar y compartir en la Cultura Universal..., en los hechos de la sociedad y en sus protagonistas. De paso si cuadra, si hay tiempo y espacio.., escudriñar en la política, aunque solo con ojo crítico. (Advertimos que no pertenecemos a ninguna ideología partidista, más que todo por ser unos soberanos ignorantes y poco entusiastas en la materia).



Aquí tienen cabida las palabras, las ideas, las opiniones y todo aquello que se sustancie dentro del más amplio eclecticismo y con el mayor respeto y camaradería...


Foto portada: aplastandolasalmendras.blogspot.com



sábado, 8 de noviembre de 2014

De villanos a superhéroes: tres ex pandilleros derrotan al crimen




De villanos a superhéroes: tres ex pandilleros derrotan al crimen
Pasaron su juventud en pandillas, en las que traficaron con drogas y armas: su misión es evitar que otros jóvenes sigan sus pasos
Termómetro económico y social de América
JOSÉ BAIG Antigua Guatemala 7 NOV 2014 -

Carlos Cruz, de México; Agustín Coroy, de Guatemala; y Cecilio Torres Juárez, de Honduras; expandilleros que ahora trabajan por la paz de sus comunidades.
Nacieron en tres países diferentes: Honduras, Guatemala y México. Pero sus historias de vida son tan similares que cuesta creer que no ocurrieron en el mismo barrio, o incluso en el mismo hogar. Una familia desestructurada, falta de amor, necesidad de aceptación, pobreza y falta de oportunidades, los llevaron a convertirse en delincuentes.

Fueron parte de ese ejército conformado, según cálculos de diversas fuentes, por 70.000 jóvenes en toda América Central. Desde muy pequeños aprendieron a manejar armas. Y las utilizaron contra otras personas. También robaron y vendieron drogas. Además de consumirlas, claro. Pero un día decidieron dejar la pandilla atrás y tratar de arreglar el daño que hicieron, aunque admiten que hay cosas que no tienen remedio.

Los tres trabajan en sus respectivos países para evitar que los niños y los jóvenes vean en las pandillas una opción para escapar de la pobreza, para encontrar aceptación y ganar respeto. Los tres participan aquí en un gran encuentro continental para buscar soluciones a un problema que ya es una epidemia regional y afecta principalmente a la juventud. El lema de los participantes y de la conferencia: empezar a forjar generaciones de #JóvenesSinViolencia, una apuesta que parece ganar adeptos entre expertos y gobiernos.

A continuación, los testimonios de cómo dejaron atrás la vida de pandilleros y comenzaron a luchar contra la violencia.

Ladrón de sonrisas
A los 10 años, la mamá de Cecilio Torres Juárez lo echó de su casa. Sin familia y sin hogar, vivió en las calles hasta que lo acogió un vendedor de drogas de su barrio, en Honduras. Al poco tiempo, él también comenzó a vender drogas, y a los 13 años compró su primera pistola.

"Era más grande que yo", recuerda. "Ni siquiera me cabía en las manos, pero eso despertó cierto respeto hacia mí en las demás personas. O miedo. Realmente, creo que fue miedo. Y yo me sentía importante, porque me respetaban", cuenta.

Muchas veces usó esa pistola en su carrera como delincuente. "Ya no solo tenía enemigos comunes por droga. También la misma policía me quería matar", cuenta.

Pero a los 17 años, ocurrieron dos eventos que fueron para él el inicio de su transformación. Uno fue que sobrevivió a un atentado con armas de asalto. Le dispararon de frente a poca distancia. Logró huir del ataque, y cuando se encontró en un lugar seguro, vio que las balas solo le habían perforado la ropa.

Pero ocurrió algo aún más decisivo. "Un día conocía a una niña. Solo tenía tres meses y la estaban regalando. Y yo, estando en ese mundo feo y peligroso, decidí adoptarla y darle el amor que yo no tenía. Eso despertó en mi cierto amor a la vida, cierto temor a morirme y el deseo de querer cambiar".

El proceso de transformación fue largo y difícil. Pero hoy Cecilio dirige una escuela de danzas folclóricas, hace deportes y su mejor amigo es un antiguo rival al que dejó parapléjico de un balazo. Su misión ahora es impedir que los niños vean a las pandillas como una opción.

"El convivir con ellos me despertó el niño interno", dice. Cuenta que recientemente tuvo que comparecer en un tribunal por un problema legal que tenía pendiente de su época como delincuente y le dijo a la juez: "he cambiado, pero todavía soy ladrón. Ladrón de sonrisas, porque trabajo con niños".

Reparar el daño
Agustín Coroy también creció en un hogar pobre y desestructurado. Relata que el primer gesto de cariño que recuerda en su vida fue cuando uno de los narcotraficantes del barrio le pidió que le fuera a comprar un refresco.

Tras una vida en las maras, en medio de drogas y armas, un día que lo estaban torturando en la cárcel le prometió a Dios que si le permitía sobrevivir a aquel tormento (le estaban arrancando las uñas de los pies) dedicaría su vida a evitar que los jóvenes se dedicaran al delito.

"Pienso que le hice tanto daño a mi país, Guatemala, a tantos jóvenes, a tantas familias, entonces llegó el momento como que para remediar todo lo que había hecho y me empecé a involucrar en organizaciones", explica.

Gracias a un programa de ayuda a ex pandilleros encontró un empleo fijo, pero al año se dio cuenta de que no estaba cumpliendo su promesa, de modo que dejó ese trabajo y comenzó a trabajar de lleno con su comunidad.

Una de sus primeras actividades fue organizar un campeonato de fútbol. "El balón nos costó 95 quetzales (US$11 aproximadamente), pero con esa inversión mínima logramos que los jóvenes dejaran de matarse. Durante 8 meses no hubo ningún asesinato en la comunidad", explica.

Gracias a su trabajo, Agustín fue uno de los fundadores de Jóvenes Contra la Violencia, una organización que nació en 2009 en Guatemala y que ya tiene capítulos en toda Centroamérica. Erradicar la violencia, explica, "va a costar, pero todas las organizaciones deberían empezar a trabajar unidas".

Pandillero de la paz
"En nuestra infancia sufrimos violencia y después en nuestra adolescencia y nuestra juventud empezamos a ser generadores de violencia", explica Carlos Cruz, en referencia a Cauce Ciudadano, el movimiento que fundó junto a otros ex pandilleros en la Ciudad de México, y que trabaja con niños y jóvenes, además de en las cárceles y en varias comunidades.

"A los 16 años estaba involucrado en temas de tráfico de armas, tráfico de dinamita, robo a casas de habitación. Era un fenómeno que nos fue arrastrando desde la vida violenta en el barrio, en las familias y también por la ausencia de las instituciones. De toda la gente de mi edad en mi barrio, de 23 hoy solo vivimos tres".

En el año 2000 le asesinan a un amigo, y eso provocó que Carlos y sus otros compañeros comenzaran a plantearse trasformar sus vidas. "Empezamos a valorar lo que éramos como personas y que nuestra experiencia de vida podía servir para que otros aprendieran", dice.

En el proceso, decidieron renunciar a la violencia como opción de vida y comenzar a enfrentar problemas como la pobreza, la falta de oportunidades y el hecho de ellos también haber sido víctimas de violencia. Además, recibieron apoyo de varias instituciones para lograrlo.

Hoy Carlos Cruz se sigue declarando pandillero, pero pandillero constructor de paz. Y sostiene que la base de un futuro sin violencia no está en la familia, sino en la comunidad. "Los niños, niñas y adolescentes son de todos y hay que cuidarlos. En eso es en lo que estamos".


José Baig es editor online del Banco Mundial



José Baig es editor online del Banco Mundial

domingo, 10 de agosto de 2014

La angula con ojos Un delicado producto, escaso y caro, alimenta el apetito por lo exclusivo de su consumo


Angulas al ajillo

COMER Y BEBER LA VIDA » EL PAÍS  MADRID

ANDONI LUIS ADURIZ 10 AGO 2014 -


                                       Es un viernes por la noche de enero. Hace frío en la calle y llovizna. En una sociedad gastronómica donostiarra media docena de amigos se reúnen alrededor de una mesa de madera escoltada por dos bancos corridos. Brindan con txakoli y esperan ansiosos la llegada del séptimo compañero, que se aproxima presuroso resguardando su camisa de cuadros con un gastado delantal azul anudado por debajo de la tripa. Entre las manos, protegidas con dos trapos de cocina mal doblados, sujeta una cazuela de barro que chisporrotea y va dejando a su paso un tenue reguero de humo con olor a aceite y ajos. Son angulas de verdad, de las que tienen ojos, no esas impostoras elaboradas con pasta de surimi que se han ido apropiando de su espacio en la cocina de los últimos años. Como si se tratase de un ritual rejuvenecedor, los ojos de los miembros de esa cuadrilla, en simbiosis compartida con las propias angulas, también resaltan, incluso brillan, pero de felicidad.

Las impostoras de pasta de surimi se han apropiado de su espacio en la cocina
El doctor Néstor Luján, cada vez que se refería a las angulas, no perdía la ocasión de recordar que su historia demuestra que la naturaleza tiene más imaginación que el más inventivo de los hombres. Consideradas como organismos extraños y desconcertantes, han sido a lo largo de la historia fruto de todo tipo de hipótesis tan novelescas como aquellas que sugerían que nacían por generación espontánea, que provenían del fango o, como razonaba Plinio, de la descomposición de la tierra. Lo que motivaba estas y otras teorías caprichosas era el hecho de no verse huevas o gónadas en las anguilas adultas, lo que resultaba desconcertante.

Ejemplares capturados en el río francés Garona en la mano de un angulero.
La historia nos revela que, hasta principios del siglo XX, el oceanógrafo danés Johannes Schmidt no descubrió que todas las anguilas, tanto americanas como europeas, desovaban a gran profundidad en el Océano Atlántico. Concretamente, bajo el dosel protector de la masa de algas del mar de los Sargazos. Fue entonces cuando se disipó el misterio. Una vez engendrados, estos diminutos lentocéfalos de poco más de un milímetro comienzan un extraordinario viaje entre corrientes marinas que durará, al menos para las europeas, dos años hasta regresar a los estuarios de los ríos desde donde partieron sus progenitores. Una vez allí, la aventura sigue. Deberán nadar río arriba para refugiarse y permanecer al menos una década madurando, para un día hacer el camino de vuelta hasta el mar de los Sargazos con intención de reproducirse y morir.


Más allá de la tradicional y evocadora imagen de los anguleros recorriendo las orillas de los ríos con su cedazo de madera y un farol tratando de coger algunos ejemplares de angula, se encuentra una actividad de un alto valor socioeconómico. Esto es debido a la importancia que tiene la captura de este alevín en el marco de las pequeñas pesquerías costeras estuáricas continentales y el efecto estructural que su comercialización posee sobre las economías regionales donde se pesca. Es posible que la mayoría de la gente no alcance a imaginárselo, pero lo cierto es que la explotación de la fase juvenil de la anguila es una de las mayores fuentes de pesca artesanal del sur de Europa.

La anguila joven es una de las mayores fuentes de pesca artesanal en Europa
A pesar de este hecho revelador no se ha evitado que la angula europea haya sufrido un acelerado declive en todo el continente durante décadas, especialmente desde los años setenta, hasta el punto de ser catalogada hoy en día como una especie en grave peligro. La sobrepesca ejercida durante años no ha sido, ni de lejos, el único motivo causante de esta triste realidad. Son varios los factores que han puesto a esta especie anfihalina en grave peligro: la desaparición de su hábitat, la contaminación de ríos y mares, los innumerables obstáculos para su desplazamiento por los cauces fluviales, los cambios oceanográficos y climáticos, así como diversas enfermedades y parasitaciones, como las transmitidas por las anguilas japonesas introducidas en Europa en los años ochenta.

Curiosamente, desde los años setenta, cuando empezaron a sonar las alarmas ante el evidente descenso de capturas, las angulas no han dejado de subir en popularidad, influjo y precio. Antes del azote de la crisis se llegó incluso a desarticular mafias que comerciaban con ellas de forma delictiva fuera de Europa, algo absolutamente prohibido desde que se aprobara una cuota cero de exportación fuera de la Unión Europea por tratarse de una especie con protección especial.

Toda esa atracción que posee todo lo escaso y caro, todo ese halo de pomposidad y ceremonia que se forma alrededor de los productos con pedigrí, no facilita la sensibilización de los incondicionales de este bocado. Cuando comemos, es difícil obviar que, además de alimentarnos o estimular los sentidos, también injerimos símbolos y jerarquías, auténticos distintivos de lo que somos o de lo que deseamos ser. Algo que muchas veces es más fuerte que nosotros.

Más allá de su textura delicada y singular se encuentra el magnetismo que emana lo exclusivo. Alguien decía que “si la gula es un pecado capital, la angula es un pecado del capital”. A pesar de ello, de ese retrato de capricho costoso, los precios esta última campaña han estado como a principios de los noventa debido a una entrada en el mercado español de una gran cantidad de angula capturada en ríos franceses que ha hecho bajar los precios hasta límites insólitos, como los 170 euros el kilo que se llegaron a pagar en la rula de Ribadesella.

Ejemplares de ríos franceses han entrado en el mercado español
Sea porque esté calando hondo la directriz de la Unión Europea impuesta hace siete años en el marco de un plan internacional de recuperación de esta especie o porque las medidas tomadas por las instituciones autonómicas estén dando sus frutos regulando capturas y licencias de pesca, reservando ríos, o potenciando proyectos de investigación para mejorar y aumentar los hábitat naturales de la anguila, o bien porque la crisis ha hecho mella en la demanda, la cuestión es que este año muchos viveros han finalizado la temporada cargados de angulas, algo que cabría calificar de esperanzador. Quién sabe. Quizá en el futuro sigan siendo los ojos un elemento resaltable en las sociedades gastronómicas, tanto en las cazuelas de barro crepitantes como en las caras de los comensales.


Andoni Luis Aduriz es chef del restaurante Mugaritz.

sábado, 28 de junio de 2014

"El humor es la única forma seria de hablar en Venezuela"



Laureano Márquez
OPINIÓN

Juan Yáñez

                            Este gobierno (de Venezuela) le cuesta entender lo que significa ser político. Se pierde en trivialidades, desperdicia un tiempo precioso y definitivamente no da pie con bola. La incapacidad es su principal obstáculo, porque no están ni remotamente preparados para ejercer gobierno. Alcanza esta apreciación al fundador de este desatino de inconmensurable improvisación, quien no tenía ni la capacidad y menos aún la claridad de ideas u objetivos. Una mezcolanza hipocondríaca de “restaurador de leyes”, de “salvador del mundo”, o cualquier otro disparate, propio de una mente descompuesta.   Surgió como un fenómeno del destino y aprovechó la oportunidad de tener una abultada chequera, que estaba allí y la dispuso a su ignorante seso. Los resultados son imposibles de refutar, aunque lo han intentado y la respuesta ha sido un abominable insulto a la inteligencia, un desprecio sin límites a la verdad, propio de forajidos o delincuentes.  Ahorita, hay en las filas chavistas quienes  pretenden marcar distancia y dicen que la culpa la tiene ese infeliz  que heredó el ”rollo”, cuando ellos están en el mismo “merengue” desde que empezó esta insensatez, que ya lleva tres lustros y aún sigue.
Los argentinos, pródigos en el lenguaje paralelo, aquel que es comparativo con los vocablos correctos y que parten de la vulgaridad del hablar de la calle, tildarían a este gobierno (venezolano por supuesto) de “gobierno de joda”; y joda significa para ellos: broma, torpeza, desfachatez, obscenidad.  Ello es una apreciación personal y otra cosa es lo que Laureano ve, aunque por allí va la intención, como una salida a la necesidad que tienen los periodistas o columnistas de opinar en este berenjenal político en que se ha convertido Venezuela, donde se persigue hoy más que nunca a quienes disienten y en estos tiempos se apunta especialmente hacia el humor político, que es su especialidad. Aquí disiente hasta el gato, con sobradas razones y hasta en las propias filas del chavismo, el canciller Jaua pide a sus compañeros: "dar prioridad a la unidad", lo que significa que no se tolerará discrepancia. Evidentemente esta “recomendación” significa “advertencia”.  Se entiende, que chavistas u opositores están en la mira, a pesar que el alto gobierno insiste en que hay libertad de expresión. Con ello queda claro, que ni en broma se les ocurran a los que disienten ponerlo en tela de juicio.


 "El humor es la única forma seria de hablar en Venezuela"

Laureano Márquez considera que el Gobierno intenta censurar a quienes disienten

25 DE JUNIO 2014 - 11:02 AM EL NACIONAL Caracas

                             "El que cree que entiende Venezuela debe ir al psicólogo, porque tiene problemas de la cabeza", dice el humorista y politólogo venezolano Laureano Márquez.

Se refiere a una realidad a la que muchos nos enfrentamos a diario en Venezuela: este país, por mucho que uno intente, es incomprensible. E inexplicable.

Es el país con las reservas de petróleo más grandes del mundo, pero no hay papel higiénico. Es a su vez uno de los países más caros y más baratos del planeta. Y es un país donde, a pesar de las adversidades, la gente se sigue riendo.

Y para explicar esas contradicciones, sostiene Márquez, "la única herramienta que nos queda es el humor".

El humor político en Venezuela, que tiene una rica e histórica tradición de contradecir a los gobiernos, ha ido perdiendo espacios en los medios masivos de comunicación durante los últimos años.

Muchos creen que la razón de esa pérdida es que el gobierno tiene una ingeniosa estrategia para censurar a quienes disienten.

El presidente, Nicolás Maduro, niega que haya dicha política y mantiene que en Venezuela hay libertad de expresión.

Sin embargo, para otros venezolanos de oposición eso es como un chiste. "Un chiste malo", dice Márquez, que añade: "Cuando las libertades se ven amenazadas, el único refugio de libertad que queda es el humor".

"Y en este momento", asegura el también columnista de opinión, "el humor es la única forma seria de hablar en Venezuela".

El caso Chataing

Hace dos semanas la polémica sobre la censura en los medios de comunicación se reavivó con la salida del aire del programa del humorista Luis Chataing en la cadena privada Televen.

Su partida fue interpretada como una medida de censura del gobierno, que según algunos ha comprado a través de terceros las más grandes cadenas del país, como Globovisión y Venevisión.

Maduro negó las acusaciones e incluso le ofreció un programa a Chataing en el canal de las Fuerzas Armadas.

Por su parte, la ministra de Comunicaciones, Delcy Rodríguez, dijo que "Chataing pretende achacar al Gobierno Bolivariano su despido de Televen sin pasearse por sus malos chistes y conflictivo historial".

Pocos, sin embargo, se creyeron que un hombre que tiene 3 millones de seguidores en Twitter -un millón más que Maduro- salió del aire por malo.

Pero la pregunta, más allá del caso de Chataing, es qué pueden hacer los humoristas para trabajar en un país que, si bien necesita del humor, parece tener un gobierno que no lo tolera.

¿Auge?

Las dificultades para los humoristas no son nuevas. En 2007, cuando el gobierno no renovó la concesión del canal privado RCTV, el programa de humor político que hoy más recuerdan los venezolanos salió del aire: Radio Rochela.

Pero a pesar de esta situación, el humor en Venezuela se ha mantenido no solo vigente, sino relevante.

Los humoristas que hablaron con BBC Mundo coinciden en que, entre más grave la crisis del país, más argumentos tienen. Y sentencian: el humor no es para escapar de la crisis, sino para entenderla.

"De 2000 para acá, la gente que sabe -la gente a la que uno le cree- se han ido cayendo y perdiendo importancia, y el humor se ha convertido en la forma de entender lo que está pasando", dice el caricaturista del diario Tal Cual, Roberto Weil.

Internet y teatro

Sin embargo, los humoristas se quejan de que sus actos se tienen que reducir a plataformas que no son masivas en Venezuela, como Internet y el teatro, porque los medios grandes -dicen- han sido "cooptados por el gobierno".

Juan Andrés Ravell, director de la paródica página de noticias El Chigüire Bipolar, admite que la revolución bolivariana ha sido una inspiración para él y sus colegas.

Ejemplo de ello son dos otras publicaciones suyas en Internet: Isla Presidencial, una serie animada, y Pero Tenemos Patria, un informativo satírico.

Sin embargo, Ravell dice que Internet es una plataforma limitada porque solo llega a 30% de la población. "Y expandirse a televisión o radio, que son mucho más masivos, es imposible", asegura.

"Lo que hacíamos con Chávez ya no lo podemos hacer con Maduro", señala. "Este presidente (Maduro) parece un poco inseguro de sí mismo".

Y añade: "Yo antes pensaba que nadie iba a terminar en la cárcel por decir su opinión, pero ahora que hay gente en la cárcel por eso, se siente algo de incertidumbre".

Humor en serio

Otra coincidencia entre estos humoristas políticos venezolanos es que hablan en serio: no echan cuentos graciosos, sino relatan la realidad. Que en Venezuela resulta ser divertida la mayoría de las veces.

Weil, por ejemplo, dice que desde 2000 sus caricaturas dejaron de ser chistes: "A medida que la situación se fue poniendo peor, más angustiosa, volví mis caricaturas una reflexión de lo que veo y lo que siento".

Algo que comparte Rolando Salazar, conocido como el mejor imitador de personajes políticos en Venezuela: "El humor no es una propuesta de entretenimiento, sino una manera de narrar el drama que vivimos a diario".

Sus imitaciones, más que burlonas, son narraciones de lo que pasa: una de ellas es, por ejemplo, aquella alocución del fallecido presidente Hugo Chávez en la que contó por televisión, en medio de risas, sus peripecias durante la inauguración de un túnel en 2006, ocasión en que la estaba afectado por una diarrea.

Según Márquez, "una cosa son los chistes, con los que te olvidas de la realidad, y otra el humor, que es sobre la realidad".

Márquez suele compartir escenario con el analista político y económico más famoso (y, para muchos, de los más serios) del país: Luis Vicente León. En el show, que se presenta en teatros del país, analizan la realidad nacional en clave de humor.

"Yo siento que el humor es una especie de estrategia para poner en la mente de los venezolanos la necesidad de cambiar", dice León.


Y concluye: "Esa es una gran oportunidad, porque la gente, cuando se ríe, no sólo abre la boca, sino que abre algo mucho más importante: la mente".

domingo, 11 de mayo de 2014

Niño pobre, discapacitado y sin educación


La Campaña Mundial por la Educación denuncia la falta de acceso a formación para los menores con discapacidad en el mundo

ALEJANDRA AGUDO Madrid 8 MAY 2014 - 19:35 CET3  EL PAÍS ESPAÑA




CAMPAÑA MUNDIAL POR LA EDUCACIÓN

Fernando Luis Aragón tiene 21 años y trabaja como ayudante de producción en la editorial Comunicarte, en Santa Cruz (Bolivia). Empezó hace tres años y hoy es encargado de una máquina de pliegos. Su historia podría ser la de cualquiera si no fuera porque este joven tiene deficiencia visual y motora. Pudo estudiar gracias a un programa piloto en su ciudad para la formación y posterior inclusión laboral de personas con discapacidad. La experiencia de Aragón es, sin embargo, todavía anecdótica sobre todo en los países en desarrollo, donde los esfuerzos se centran en lograr la educación primaria universal, pero carecen de programas adaptados para niños y adolescentes con necesidades especiales. Lo que se traduce en que la tasa de menores con discapacidad no escolarizados es mayor que la de los que no la tienen, según revelan diversos estudios nacionales en algunos de estos países.

La Campaña Mundial por la Educación, una coalición internacional formada por ONGs, sindicatos del entorno educativo, centros escolares y movimientos sociales de casi cien países, ha querido poner este año el foco en la importancia de la educación inclusiva orientada a los niños con discapacidad. “Los pocos datos que hay muestran que son el grupo más excluido. No son la mayoría, un 5%, pero son los que sufren de manera más drástica la falta de voluntad política”, afirma Luis Arancibia, director de Entreculturas, organización jesuita que coordina la campaña en España. La Organización Mundial de la Salud calcula que hay 93 millones de niños con algún tipo de discapacidad. La mayoría, dice, se concentran en países de renta baja y media. Si, como afirman los organismos internacionales como la ONU, la educación es clave para salir de la pobreza, estos pequeños con pocas o nulas oportunidades de ir a la escuela, no tienen salida.

Sirve de ejemplo Uganda, uno de los pocos países que dispone de información suficiente para comparar las tasas de alfabetización juvenil entre los niños con y sin discapacidad. “En 2011, cerca del 60% de los jóvenes sin deficiencias reconocidas estaban alfabetizados, frente al 47% de los que padecían alguna deficiencia física y el 38% de los afectados por trastornos mentales”, recoge el informe de seguimiento Educación Para Todos 2013 de la Unesco. Otro de los países analizados por este organismo, Irak, arroja resultados parecidos. “En 2006, el 10% de los menores de entre 6 y 9 años sin riesgo de discapacidad no había ido nunca a la escuela. Una proporción que ascendía al 19% entre los niños con deficiencias auditivas y al 51% de los niños más seriamente amenazados por discapacidades mentales”, se lee en el documento que destaca, además, que los pequeños en riesgo de sufrir discapacidades son los que tienen menos posibilidades de ir a la escuela.

Beatriz y el colegio

Beatriz es una joven de 21 años, residente en Tudela, que pese a su discapcidad intelectual ha terminado sus estudios de secundaria y hoy estudia el cuarto curso de capacitación profesional en electricidad.
En esta carta, que leerá este viernes frente a representante políticos españoles, expresa qué ha significado para ella recibir una educación en un centro educativo genreal, pero adapatada a sus necesidades.
Estimados dirigentes de este, nuestro mundo educativo:
Hoy celebramos la semana mundial de la inclusión educativa y queríamos hacer una reflexión a partir de nuestras experiencias.
Somos un grupo de jóvenes que hemos tenido la suerte de estudiar en inclusión y, con motivo de esta celebración, queremos expresar cómo nos hemos sentido en esa etapa.
Para empezar, queremos resaltar la importancia que ha tenido y tiene la inclusión educativa para las personas con discapacidad intelectual o con necesidades educativas especiales. No queremos sentirnos diferentes, creemos que todos merecemos las mismas oportunidades. Lo único es que nosotros necesitamos apoyos externos para conseguir lo que otros consiguen de manera autónoma. También creemos que la inclusión educativa es importante porque acercamos realidades distintas a las demás personas.
La sociedad está cada vez más informada y concienciada, y eso nos facilita de alguna manera la vida. Observamos que, con el paso de los años, gozamos de una mayor comprensión social.
Nuestra etapa educativa ha pasado por varias fases. La primera, cuando éramos pequeños, en la que recibíamos los apoyos necesarios para poder seguir el ritmo de los demás. Y jugábamos con nuestros compañeros de clase.
Después nos hicimos más mayores y nuestra situación personal y social cambió. Seguíamos recibiendo los apoyos necesarios en el colegio, pero la relación con los compañeros de clase empeoró y ya no querían jugar con nosotros.
Actualmente, la mayoría estamos trabajando, conocemos nuestras limitaciones y también de lo que somos capaces. Ahora es cuando sentimos que no somos tan distintos a los demás. Tenemos nuestro grupo de amigos, nos hemos enamorado y nos levantamos todos los días para ir a trabajar. La sociedad ha cambiado porque nos sentimos parte de ella.
Deseamos que en el futuro, a través de la sensibilización, desaparezca incluso la terminología de inclusión. Eso significara que entre todos hemos construido algo brillante.
La madre de Jesús Arnoldo, con discapacidad intelectual, lo sabe bien. "Cuando él era más niño, yo tenía el temor que no sirviera para nada, yo sufría al saber que a mi hijo le faltaba algo, que no iba a ser como cualquier muchacho. Toda madre guarda una esperanza, pero las profesoras lo rechazaban, me decían que lo llevara a una escuela especial. Cuando le llevé al médico para saber qué le pasaba, él me dijo que era mongolito. En ese momento pensé: '¿qué va a ser de él?", relata esta boliviana que, al final, pudo ver a su hijo cursar formación profesional en un centro de Fe y Alegría y hoy tiene un trabajo en una imprenta.

Una experiencia muy distinta de la que viven la mayoría de familias en países desarrollados, pese a que todavía quede camino por recorrer en lo que a integración y apoyos públicos se refiere. Ana Carmen Martínez vive en Tudela (España) y su hija Beatriz, de 21 años, nunca ha tenido problemas para ser escolarizada en la escuela pública pese a su discapacidad intelectual. "Desde que tenía dos años vimos que algo no iba bien y cuando empezó a ir al colegio, se lo contamos a la profesora y nos dio apoyo absoluto", afirma. Lo que si le ha dejado un recuerdo amargo es la discriminación por parte de otros niños. "Hace falta más educación a los chavales sobre esto", pide. Finalizada aquella etapa de la secundaria --"adaptada", aclara Martínez--, la joven esta ahora en el cuarto curso (de cuatro) de capacitación profesional para personas con discapacidad. La madre tiene esperanza de que cuando acabe vaya a un centro de trabajo protegido en su localidad.

Programas como el de la ONG en Bolivia acercan un poco la realidad de las familias en países de rentas medias y bajas a la experiencia de Ana Carmen Martínez. “Pero este tipo de proyectos son todavía incipientes, muy puntuales”, señala Patricia Garcés, responsable de educación de Ayuda en Acción. “Son una muestra de que es posible la educación inclusiva, que no es inviable”, apostilla Javier Tamarit, de FEAPS, organización que defiende los derechos de las personas con discapacidad intelectual. Su experiencia en América Latina –Costa Rica, Cuba, Argentina– capacitando a maestros para la educación de personas con trastornos mentales es que el dominio de las técnicas es trascendente, pero tiene que ir acompañada de la creencia por parte del profesorado (y la sociedad) de que la inclusión es importante.

“Tiene que haber un cambio de actitudes para que sean considerados como personas de pleno derecho. También a recibir educación”, añade. Esto tiene que ver, en opinión de Garcés, con que sean los Gobiernos nacionales (y no solo los proyectos de ONG) los que impulsen la educación inclusiva. "Es una de nuestras propuestas que la ayuda vaya destinada a las administraciones de esos países más que a programas pequeños y locales de organizaciones.

“Las barreras que hay que salvar no son solo físicas, sino también de tipo cultural y económico”, subraya Arancibia. Tamarit apunta que hay gente que todavía cree que hay que proteger a las personas con discapacidad, en vez de considerarlos personas con derechos “como cualquiera”. Más aún, hay culturas en las que ser discapacitado se considera una condena divina por los pecados cometidos. Ocurre en Madagascar que la percibe como una maldición debida a los errores de los antepasados. “Hay familias que ocultan a sus hijos con alguna limitación. Y también hay problemas en cuanto a la definición de qué es discapacidad en cada país”, añade Garcés.

Pero los recortes en ayuda al desarrollo en general y en educación en particular amenazan los escasos proyectos para modificar infraestructuras y hacerlas accesibles, formar a profesores para una enseñanza adaptada a distintos tipos de necesidades y sensibilizar a la sociedad de que las personas con discapacidad tienen el derecho y pueden aprender y trabajar con la formación adecuada.

La tijera no afecta solo a este sector de la población, sino a la cooperación en educación en general. La Unesco calcula que la ayuda total en esta partida cayó un 7,7% en 2011 respecto a 2010. Fruto del esfuerzo hecho hasta entonces, desde 2000, la tasa de matriculación aumentó del 83% al 90% y la cantidad de niños no escolarizados se redujo a casi la mitad, pasando de 102 a 57 millones. Pero la bajada de fondos desde 2011 aleja a la comunidad internacional de cumplir con el Objetivo del Milenio de lograr la educación primaria universal en 2015. “Los progresos en la reducción del número de niños no escolarizados se han detenido por completo, ya que en 2011 la ayuda internacional para la educación básica disminuyó por primera vez desde 2002”, detalla la ONU.

“Nos preocupa la cantidad y calidad de la ayuda al desarrollo. Pero para que haya calidad es necesario un volumen de ayuda suficiente. Es una contradicción de los países donantes. Los organismos internacionales y la sociedad civil consideran que la inversión en educación es clave para el desarrollo. Pero los recursos o no han aumentado o se han reducido”, lamenta Arancibia”, considera Arancibia. En este sentido, Gonzalo Robles, secretario general de cooperación internacional de España, donde la AOD ha sufrido un recorte del 70% desde 2008, afirma que “los países de renta media con los que coopera el país ahora tienen capacidades propias”. “El trabajo con ellos actualmente se basa en la transferencia de conocimiento, capacitación o asistencia técnica para el desarrollo de un modelo, más que en la inversión directa”, abunda.  

Archivado en: Objetivos Milenio Gonzalo Robles Discapacidad Desigualdad social Pobreza Discriminación Infancia ONU Prejuicios Problemas sociales Educación Organizaciones internacionales Sociedad Relaciones exteriores.

domingo, 23 de marzo de 2014

Símbolos de nuestra soledad



  
 "Los Naúfragos de La Medusa", pintura de Tedore Gericault 


De Ulises a Robinson, floten a la deriva o pasen años en islas perdidas, los náufragos son una parte irresistible del imaginario colectivo

JACINTO ANTÓN  23.03.2014 EL PAIS ESPAÑA

Naufragar es consustancial a navegar, incluso a vivir podría decirse. Los náufragos célebres, reales o de ficción, se cuentan por centenares, los náufragos a secas (si se acepta la expresión) resultan incontables.
Los náufragos forman parte de nuestro imaginario colectivo, desde Ulises (arrojado una y otra vez a islas y costas extrañas) hasta el último llegado, el Robert Redford patrón del malhadado velero Virginia Jean deCuando todo está perdido, pasando por Tom Hanks y su balón de voleibol, Pi y su tigre, Robinson, claro (y el real Alexander Selkirk que lo inspiró), los que penan eternamente en la pintada balsa de la Medusa, la pizpireta y pubescente Brooke Shields de El lago azul, o ese microcosmos que son los supervivientes del buque torpedeado por un submarino cuyo propio capitán nazi acaba en el bote con ellos, hasta que se libran de él (Lifeboat, deHitchcock, sobre una historia de Steinbeck). Sin olvidar al más paradigmático de los náufragos periodísticos y del que es un sosias nuestro pescador de tiburones salvadoreño: el marinero de la armada colombiana Luis Alejandro Velasco, caído del destructor Caldas e inmortalizado por el gran Gabriel García Márquez en Relato de un náufrago que estuvo diez días a la deriva en una balsa sin comer ni beber, que fue proclamado héroe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre.
Es fácil ver lo que tienen de irresistibles los náufragos, se salven o mueran, floten a la deriva en sus balsas o penen años en islas perdidas, se hayan hundido sus barcos o los hayan arrojado al mar malvados piratas, tripulaciones amotinadas o capitanes coléricos: nos devuelven una imagen especular de lo frágil de nuestro destino y se alzan como un símbolo primigenio de nuestra esencial soledad existencial. Todos somos náufragos en la vida y todos acabamos solos, si hay suerte en ese pacífico lecho que es el último de los atolones, si no la hay en cualquier desgraciado accidente.
Mi náufrago favorito es Ned Low, un pirata de Boston de naturaleza cruel entre cuyas atrocidades se cuenta el obligar al capitán de un ballenero capturado a comerse sus propias orejas, tras echarles sal
Cada uno tendrá sus simpatías por tal o cual náufrago. Náufrago es Jonás en el vientre de la ballena, lo es el pobre Ben Gunn, la joven de 19 años Marguerite de La Rocque que sobrevivió dos años tras abandonarla su padre por casquivana en la Isla de Demonios –que ya es sitio-; lo son los dos representantes de la corona española arrojados en las costas de Patagonia por Magallanes tras el motín en su flota, los desgraciados y los asesinos en serie del Batavia, el tan severo como buen marino capitán Bligh dejado a su suerte –que esperaban mala- en un bote por los amotinados de la Bounty, y los marineros del USS Indianápolisdevorados a centenares, uno a uno, por los tiburones y de los que formó parte el ficticio capitán Quint del Tiburón de Spielberg, que se salvó entonces aunque con ello solo logró aplazar unos años su cita con las fauces como aquel hombre que huía de la muerte en Samarcanda.
Ente los que muestran más paralelismos con el náufrago Alvarenga está Poon Lim un chino que era camarero en el vapor Benlomond hundido por un submarino alemán en 1942 y que aguantó ¡133 días! en el océano Atlántico en una balsa salvavidas hinchable antes de ser rescatado por pescadores cerca de la costa de Brasil. Lim sobrevivió a base de algunas galletas y de aprovechar todos los recursos, incluido el comerse el hígado de un tiburón al que mató y beberse la sangre de las aves marinas que lograba capturar.

Mi náufrago favorito, sin embargo, es Ned Low, un pirata de Boston de naturaleza cruel entre cuyas atrocidades se cuenta el obligar al capitán de un ballenero capturado a comerse sus propias orejas, tras echarles sal. Hartos de él, su propia tripulación abandonó a la deriva a Low en un bote sin comida ni agua; el marino tuvo la buena suerte de ser recogido por un barco francés aunque a continuación, así es la vida, la mala suerte de ser reconocido como pirata, y ahorcado en consecuencia.



.LOS  NÁUFRAGOS (de RECUERDOS)

Juan Yáñez

                                            Es un recuerdo que tiene que ver con el mar, ya el título lo está anunciando, aunque realmente  no estoy seguro de que lo fueran.  Pero vamos a contar  el cuento.
 Fue en un viaje a Europa, desde Buenos Aires, en 1974, en el Cristoforo Colombo, era un gran trasatlántico que como dato ilustrativo diremos que estuvo un tiempo anclado en Puerto Ordaz, como hotel flotante.
 Después  de zarpar de Río de Janeiro rumbo a la próxima escala que era  Madeira y habiendo  ya navegado quizás  un par de  días, a primera hora de la tarde  siento que  el barco aminora su marcha hasta luego detenerse. Estoy en cubierta de estribor donde ya empiezan  a reunirse otros pasajeros, algunos  señalando hacia el mar, algo que yo no había logrado ver todavía. Y era que  flotando, muy cerca,  había un pequeñísimo bote, -calculo de poco mas de tres metros  de eslora-  con una pequeña  y rudimentaria vela; y  dos hombres  a bordo. (Lo insólito era la considerable distancia de la costa en que se encontraban).  Estaban muy delgados, barbudos y tostados por el sol. Un oficial del puente,  por medio de un megáfono les habló, les preguntó en varios idiomas y repetidas veces…, si necesitaban agua o alimentos,  atención médica o instalarlos a bordo y remolcar su embarcación etc. etc. En pocas palabras ofreciéndoles la ayuda solidaria  que en estos casos (de probable emergencia) es menester. Todo ello fue negado por aquellos dos hombres por medio de gestos inequívocos y reiterativos,  los que  a pesar  de su delgadez se les veía  saludables y sonrientes.  Al final el oficial,  perplejo y vencido, les desea buen viaje, les dice adiós, que todos nosotros solidariamente también hacemos con las manos y  de inmediato  partimos. Quedamos observándolos  un rato  hasta que se convirtieron en un punto que luego desapareció, en medio de  ese inconmensurable océano, lejos de las costas, lejos de todo, con una soledad difícil de comprender, como también es   con  nuestra mente el porqué  de esa extraña  situación…